Crónica #2 – Café de supermercado y el crimen del tueste
Tal vez ya sea demasiado tarde. Seguramente hay muchísimo dicho. Pero aún así, siento la necesidad de compartirlo. Quizás sea una catarsis. Quizás no. Lo cierto es que soy una persona del café. No tomo mate, no tomo té. Tomo café. A diario, varias veces al día, preparado de cualquier forma. Solo importa que sea café.
Y a qué voy con todo esto: al café que la mayoría consume. El café de supermercado. Ese tostado y molido que se usa en cafeteras de filtro, en máquinas espresso hogareñas con canasta presurizada, en hogares donde el ritual importa tanto como el resultado.
Hoy quiero hablar de uno en particular: el Starbucks Colombia Single-Origin, tostado y molido. El paquete promete “balanced with nutty notes” y enfatiza su “medium roast”. Pero lo que encontré fue otra cosa: un café que roza el carbón molido, con notas a caucho quemado y ceniza. Un tueste tan agresivo que anula cualquier tipicidad del grano. Un café que, lejos de ser medio, parece tostado hasta el olvido.El dorso del paquete habla de un tueste “casi rubio” y recomienda una proporción de 18:1. En la práctica, ese ratio solo logra una taza amarga, desequilibrada y saturada de defectos. En métodos como el V60, ratios más cercanos a 9:1 o 10:1 pueden resultar en una taza más amable, incluso agradable. Más allá de eso, lo que se extrae es puro desencanto.
Probé también su versión en grano. Recién abierto, lo pasé por molino de muelas y lo llevé a espresso con un ratio 2:1. El resultado fue bastante digno. Pero aún así, en cualquier mercado se pueden encontrar cafés mejores, más honestos, más expresivos, y a precios más competitivos.
Porque el café no es solo cafeína. Es origen, es acidez, es fruta, es textura. Y cuando todo eso se pierde en el tueste, lo que queda no es café. Es una sombra.


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